jueves 3 de diciembre de 2009

¡¡¡¡Peloooooooooooooooooosssss!!!!


¡Dios! Si sólo me quedan 24 horas para que esté aquí y yo con estos peloooooooosssss.
¡NOOOOOOO! Y cuando digo pelos, digo pelos (no los de la cabeza precisamente) . Joder, pero ¿por qué nacería yo así? Más semejante a un primate que a una persona... Con los folículos pilosos bien surtiditos, sí, para dar y tomar tengoooooooo...
¿Y cuándo narices me voy a depilar para que crea que mi piel es tersa como el culito de un bebé? Cual terciopelo... como la seda más salvaje...
- Qué pantorrilas más suaves tienes, cariño -me dice... Joder, si supiese....
La cruel depilación cada vez que viene... y esta vez no me ha dado tiempo a ir al salón de belleza. Ale, que me toca hacérmelo en casa con el aparato del infierno ese, el Silk-epil mortal. Y no es de los modernos, no, es de los antiguos, de esos que te arrancan la piel junto con los pelos ¡Ay! Sufro de sólo pensarlo... pero es lo que toca... de momento. Uf, esto de tenerle engañao es terrible, pero ya se sabe... es lo que hay... pa que se crea que soy una mujer de bandera y eso... claro está. Con las piernas y las axilas (y otras partes de mi cuerpo) suaves, suaves... Hasta por lo menos los 3 primeros años.... entonces ya me puedo dejar de depilar, ¿no? Ya le tendré tan enganchao, que me querrá con pelos ó sin ellos ¿no? Digo yo... (¿ó era a los 4 años?, jo, no me acuerdo...)

¿Habéis visto el anuncio ese de la tele, creo que es de SANEX, en el que el hombre le besa la axila a la mujer con mucha delicadeza? Pues eso es lo que espero conseguir esta noche, una piel de ángel, que sólo espera a ser besada por él... mmm... qué bonito... y que ñoño... y que tiernoooo...
Pues sí, tengo 24 horas para pasar de tener "este" cuerpo, a tener el fantástico y suave cuerpo de los anuncios de la tele... totalmente imberbe.
Y sé que lo voy a conseguir, a base de sudor y lágrimas, eso sí, pero lo voy a lograr, y cuando él llegue nunca jamás va a saber que yo, sólo 24 horas antes, me asemejaba más a un orangután que a una persona... bueno, a no ser que lea esto claro está... Ejem.... que no tiene uno que creerse todo lo que se publica en los blogs, cielo, cariñito....

Eso, eso. ¡¡¡A Dios pongo por testigo, que yo nunca he tenido pelos!!!!!

viernes 6 de noviembre de 2009

Intentando mantener el equilibrio...


A veces me siento como uno de esos funambulistas caminando sobre una cuerda floja. Abro los brazos y extiendo las manos con las palmas hacia abajo. Con las rodillas temblorosas adelanto un pie con mucho cuidado, y luego otro, y otro... Intento no mirar mis pies desnudos que desesperadamente se aferran a la cuerda vibrante. Cualquier mínimo error de cálculo podría hacerme precipitar al abismo que se extiende ante mí. Mejor no mirar abajo. Mejor seguir con la vista fija en cualquier punto frente a mí.
Ignorando los escalofríos que me recorren la espalda, las gotas de sudor frío que perlan mis sienes, el pequeño latido que ha comenzado a palpitar en mi párpado derecho... sólo sigo adelante.

Quizá con ayuda externa consiga mantener el precario equilibrio que me mantiene en la cuerda, que me mantiene cuerda. Quizá un paraguas abierto haga que mis rodillas dejen de temblar y no me suden las manos. Quizá si hubiese una red allí abajo... quizá la haya...
Quizá si me caigo... puede ser que esta vez no me duela tanto... ¿verdad?

miércoles 28 de octubre de 2009

Jamás pierdo los papeles... nunca

Sé que he estado de un ñoño subido últimamente que pone los pelos de punta (incluso los míos, lo reconozco) Eso le pasa a uno cuando se enamora, dicen.. yo hacía siglos que no me sentía así. Había adoptado una especie de actitud entre cínica y fría de ver ciertas cosas... pero mira por dónde, hasta a los más incrédulos nos alcanza Cupido... chúpate esa...
En fin, que aún a pesar de estar colada por él hasta la médula sigo siendo persona, sigo teniendo ese carácter mío algo insufrible a veces y me sigue desbordando la ira muy de tarde en tarde... como hoy.
Y es que algunas actitudes de algunas, llamémoslas personas (por compasión), me sacan de quicio y consiguen que mi nivel de agresividad pase del Defcon 5 al Defcon 2 en cuestión de microsegundos. ¿Recordáis los tebeos que leíamos cuando éramos niños y alguno de los personajes empezaba a echar humo por las orejas y su cara adquiría un tono púrpura muy evidente? Pues así es como me he sentido hoy yo. Cabe decir que no puedo dar nombres, ni ceñirme muy claramente a los hechos, ya que puede ser que la persona protagonista de mi carácter iracundo se encuentre entre mis lectores... Sólo diré, que esta mañana al ver su estúpida e incompetente sonrisa dibujada en la cara señalando en mi dirección... de buena gana me hubiese levantado de la silla, hubiese cogido el teléfono y se lo hubiese estampado en la cara...
¡Qué agresividad! Jajajaja... y ¡qué satisfacción!
Ver como su estúpida sonrisa se borra tras un chorro de sangre que sale de su nariz rota... Jajajaja.... y golpear de nuevo, una y otra vez... más fuerte... más fuerte... Jajaja... hasta que no quede ni un sólo rasgo humano en su cara bañada por el rojo de la sangre y las vísceras... Yupiiiiiiiii


¡Dios mío! ¡Almagriss despierta!
Creo que tengo que dejar de beber tanta coca cola, ó volver a fumar... ó simplemente salir más, ó dormir mejor... ó yo qué sé...
Me asusto a mí misma...

(pero como vuelva a sonreirme mañana de la misma manera, prometo que le estampo el puñetero teléfono en la cara... ó le pego una patada en la barbilla, jajaja....)

viernes 16 de octubre de 2009

No hay contornos


Esta mañana no había contornos, quizá por eso tu imagen en mi mente era tan nítida...
Me he levantado antes de tiempo, como siempre desde que te conozco. Padezco de un extraño insomnio que me obliga a dormir pocas horas y a ver amanecer todos los días... a veces veo salir el sol, otros días como hoy sólo veo jirones de nubes grises e informes cargadas de lluvia fría.
Como tenía tiempo de sobra me he ido antes al trabajo, mucho antes. Antes de que las farolas se hubiesen apagado y de que los coches con los que me cruzaba hubiesen desistido de usar sus luces mortecinas en este triste y solitario amanecer...
De pronto, esas nubes grises cargadas de lágrimas no derramadas han comenzado a llorar espasmódicamente empapando la calzada y mi coche con ella. Mis limpiaparabrisas (absurdo nombre... parabrisas... ¿no deberían llamarse paralluvias?) apenas si podían contener la fuerza del agua contra los cristales, y mi visión emapañada se empeñaba en dibujar contornos donde no los había.
He aparcado cerca, con tiempo de café y de horas extra. Pero no he abandonado mi coche. Me he limitado a apagar el motor y quedarme allí sentada en la cálida cáscara que esta mañana formaba mi envoltorio. A salvo de la lluvia y del frío. A salvo de los charcos y de las gotas enormes que siempre explotan sobre mi cabeza cuando carezco de paraguas en días como hoy.
He mirado a través del cristal sin ver absolutamente nada claro, todo era difuso mezclado con el agua que resbalaba ya sin freno, una vez apagado el mecanismo de los "limpias". Las casas sin contornos, la gente sin formas, los otros coches desdibujados... nada tenía su forma habitual. He cerrado los ojos y sólo te he visto a tí, tan nítido como siempre en mi mente, con los contornos bien definidos y sin difuminar. Bien perfilado, como tú eres. Como yo te veo aunque no estés... y así, con tu imagen clara y perfecta ante mí he dejado que pasasen los segundos, minutos tal vez, quizá fuesen horas, no sé... todo lo demás había desaparecido, arrastrado por la lluvia quizá...
Y he abierto los ojos, y nada tenía contornos excepto tú.

lunes 5 de octubre de 2009

Ya no pago mis cafés

¿Sabéis lo que es ser la niña mona del barrio? ¿No? Pues yo sí. Lo sé de buena tinta. De primera mano.
Sí, soy la niña mona del barrio, la graciosilla que cae bien a todo el mundo y siempre regala sonrisas a los viejecitos/as, obreros/as, camellos/as y yonkis/as...
Y con esa mueca por montera, voy sorteando la vida y dejando que la luz de los demás me bañe, me ilumine en mi largo caminar (¿esto es de una canción?) y me llene por completo... ¿creéis que lo hago para hacer felices a los otros? Nooooo, que va.... En el fondo soy profundamente egoísta y egocéntrica, una persona avariciosa y codiciosa... ansiosa por recibir y acaparar. Sí, cuantas más sonrisas regalo, más me entregan libremente y sin coacción alguna. Más querida me siento y más beneficios saco de tanto curvamiento de labios. Lo dicho, egoísmo puro.
Desde hace meses no he conseguido pagar ni un café. Ni uno. Simplemente me limito a sonreír simpáticamente cuando entro en mi cafetería favorita... pedir un café y esperar (eso sí, con la sonrisa incrustada en la cara)... al ir a pagar... siempre hay alguien que ya ha pagado por mí.
-Te ha invitado Fulanito- me dice Pilar, la dueña. Yo miro al nombrado, y dejo que la sonrisa me llegue a los ojos por un momento, mientras le doy las gracias... Sé que acabo de hacer feliz a alguien, lo noto en su mirada... Y sé que mañana volverá para invitarme de nuevo... sabe Dios cuánto tiempo hace que nadie le sonríe así...
Así que me he convertido en la niña mona del barrio, esa que siempre tiene algo que dar... que se para un ratito y escucha las quejas de Doña Carmen, que cada vez está más achacosa... que deja que el desdentado Serafín que va ya para los noventa le dé un beso casto en la mejilla... que le ríe las gracias al pesado de Maxi a quien nadie soporta... que le regala cigarros a Pepe (ahora ya no, claro, soy una orgullosa NO FUMADORA)... en fin, que sonríe a diestro y siniestro...

DESDE QUE SONRIO, YA NO PAGO MIS CAFES.

martes 29 de septiembre de 2009

45 horas sin tí...

Y ni siquiera sé si te echo de menos. No, no lo sé. Hay momentos en los que no puedo dejar de pensar en tí... y otros en los que desearía no haberte conocido...
Tengo recuerdos tan nítidos de nuestra vida en común, que me parece que si cierro los ojos vas a aparecer aquí a mi lado llenándome por completo como has hecho durante los últimos 20 años...
Realmente no sé si lo que me dabas era bueno, si esos pequeños y efímeros momentos de engañoso placer, eran algo real ó algo imaginado por mí. Si esos momentos de ansiedad que sólo tú conseguías calmar eran ciertos... ya no lo sé. No sé si eras tú el que me calmaba, ó era debido a tí que estaba constantemente alterada. No sé. Siempre alerta, desando más y más, apenas consciente de que dependía de tí para todo... para serenarme, para relajarme, para darme ánimos a mí misma, para controlar el aburrimiento, para sentirme importante y especial...
Sin poder prescindir de tu presencia, de tu calor, de tu seguridad, de tí, en definitiva. Tú, al que me había acostumbrado a sentir y ver cerca de mí a todas horas, desde que abría los ojos por la mañana, hasta que el sopor invadía mis cansados miembros por la noche. Siempre ahí. En mi dormitorio, en mi cocina, en mi salón, en mi baño, en mis salidas nocturnas y en mis reuniones familiares... conmigo a todas partes, mi fiel compañero...
Mi amigo...
Tú que siempre has estado ahí, aliviándome y matándome al mismo tiempo.
Sí, matándome lentamente... dejándome depender absolutamente de tí aún a sabiendas de que no eras bueno para mí... de que me estabas dañando y perjudicando, haciendo que mi vida se convirtiese en un infierno... en una vida esclava de tí... eso es lo que pretendías: mi esclavitud.

Hace 45 horas he decidido dejarte, he decidido que tú y yo ya no somos compañeros de fatigas y de placeres. Que ya no somos uno. He decidido que puedo vivir sin tí. Que puedo y que quiero. Ya no puedes hacerme daño, porque he decidido no permitir que vuelvas a hacerlo. He decidido que ya no vas a volver a matarme...

Adiós...

lunes 21 de septiembre de 2009

Tus besos... los tuyos...

Tantas veces me han besado...
Tantos labios se han acercado a los míos...
Tantos alientos he sentido sobre mi piel...
Tantas lenguas han acariciado con suavidad los rincones más secretos de mi boca...
Tantos dientes han mordisqueado la frágil carne de mis labios...

Pero ni esos labios, ni esas lenguas, ni esos dientes, ni ese aliento era el tuyo...

Tus labios son los que me besan hoy...
Tu aliento es el que calienta mi piel...
Tu lengua es la que me acaricia...
Tus dientes los que me mordisquean...
Dejándome sin aliento...

Sabina se equivoca cuando dice que "hasta los huesos sólo calan los besos que no has dado"... mentira...

No dejes de besarme... jamás...

jueves 17 de septiembre de 2009

No estoy muerta...


No, no lo estoy... y además, amenazo con volver, lo juro...

sábado 23 de mayo de 2009

Palabras de Sabina, lo que siento...

No hay nostalgia peor, que añorar lo que nunca jamás sucedió.

sábado 25 de abril de 2009

Cientos y cientos de ellos...


Dicen que soñar es gratis (aunque a veces puede salirte caro, sobre todo si algún sueño que otro se hace realidad)... Pero no he venido aquí a divagar cual sofista, así que procedo a explicar mi sueño. Sueño que no he soñado, claro que no. Es decir, no dormía. Es un sueño de esos que tienes despierta, en los que te regodeas y expandes hasta el infinito, y puedes visualizar el final que te salga de las narices, y todo es satisfactorio y bello porque las decisiones las tomas tú...

Yo, como soy pequeña, tengo un sueño pequeño, sin demasiadas filigranas, ni adornos, un sueño sencillo y facilón.

Sueño que poseo una librería. Una librería de esas que sólo se ven en las películas y de vez en cuando en el casco antiguo de alguna ciudad sin nombre. Una de esas librerías encantadoras, situadas en los bajos de algún edificio de más de 100 años, de esas cuyo nombre está escrito con bellos caracteres góticos sobre una tablilla de madera a la izquierda de la puerta, apenas visible para los laicos. Una librería repleta de desvencijados estantes que se comban por el peso de los libros (viejos y nuevos).

Sueño que paseo por los diminutos pasillos de mi librería rozando apenas con los dedos los lomos de los cientos de libros que allí se encuentran, con los ojos cerrados, aspirando el inconfundible aroma de la palabra escrita.

Sueño que en mi librería los libros están ordenados a mi antojo, sin seguir ningún esquema específico, ninguna pauta... por nombres de autores, aquí, por géneros allá...

Sueño que me siento detrás de mi pequeño mostrador de madera, un tanto destartalado y lleno de muescas antiguas (del antiguo propietario quizá), apoyo mis pies en el travesaño del taburete y con un libro cualquiera sobre mi regazo me sumerjo en el placer de leer... De vez en cuando entra algún cliente perdido (siempre llevan america de tweed con coderas de cuero, no sé bien el porqué) y me pregunta amablemente por una 1ª edición de Larra (siempre es de Larra, tampoco sé el porqué). Le atiendo con amabilidad y presteza, no dejándole ver que ha interrumpido mi lectura por lo que me siento un tanto molesta. Paga en efectivo, claro, en mi librería no hay artefactos modernos como los horribles datáfonos... le devuelvo el cambio que saco del primer cajón de debajo del mostrador (por supuesto no hay caja registradora). El cliente se marcha con el paquete debajo del brazo, delicadamente envuelto por mí en papel de estraza, y una tarjeta de visita en la mano donde sólo aparece el nombre de mi librería y una dirección (no hay teléfono que pueda perturbar la paz de mis libros) y yo puedo volver a sentarme comodamente en mi taburete con los pies en el travesaño y el libro en el regazo, deseando que ése sea el único cliente del día.

Sueño que poco a poco se va haciendo de noche fuera, y que las sombras empiezan a teñir los rincones de mi pequeño mundo de espectaculares colores grises, que ni siquiera las lámparas de cristal (imitación Tiffany) que tengo repartidas por la tienda consiguen disimular.

Sueño que cierro mi libro con un suspiro satisfecho y que recorro de nuevo los estantes comprobando que todo sigue en su lugar mientras sonrío placidamente y dejo que la magia del ambiente me envuelva por última vez ese día... hasta mañana....

Coloco el cartel de "CERRADO" en la puerta y apago las luces de mi pequeña librería.... Dejo vagar la mirada un instante por mi reino antes de darme la vuelta y marcharme a casa...


Calderón decía que la vida era sueño, y que los sueños, sueños son... (suspiro).